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La represión de Pakistán contra las protestas chiítas en PoGB y un ataque mortal contra una mezquita exponen la violencia sectaria en curso y los fracasos sistémicos para proteger a las minorías religiosas.
Pakistán enfrenta un creciente escrutinio internacional por su trato a las minorías religiosas, particularmente a los chiítas en Gilgit-Baltistán (PoGB) ocupado por Pakistán, donde un informe alega una campaña militar de décadas de duración que involucra violencia, arrestos arbitrarios y toques de queda.
Según informes, la represión del 1 de marzo contra las protestas chiítas por el asesinato del ayatolá Jamenei de Irán mató a 14 civiles e hirió a 60, incluidos niños, en medio de denuncias de asesinatos selectivos y destrucción de propiedades.
El informe contrasta las condiciones de PoGB con las de Ladakh administrado por la India, donde los chiítas viven sin persecución.
Mientras tanto, un ataque suicida en una mezquita chií en Islamabad mató a 36 personas e hirió a 170, lo que pone de relieve la violencia sectaria en curso y el fracaso del gobierno para proteger a las comunidades minoritarias, incluidos los Ahmadíes, los ismaelis y otros, a pesar de los repetidos llamamientos a la rendición de cuentas y la reforma.
Pakistan’s crackdown on Shia protests in PoGB and a deadly mosque attack expose ongoing sectarian violence and systemic failures to protect religious minorities.